Pregon de las fiestas de San Marcos de Arroyo del Ojanco 2014

Paqui Falla Moreno

Datos del Pregonero

   Paqui Falla Moreno es natural de Arroyo del Ojanco y desde hace 20 años ejerce como maestra de religión en el Colegio Público Francisco Vilchez de Arroyo del Ojanco y en el Colegio San Isidro Labrador de Puente de Génave con los niños de  primaria.

   Pertenece a la Peña “Aquí te Pillo Aquí te Mato” y colabora activamente con esta web. Como buena SanMarquera intenta colaborar con la Hermandad de San Marcos en todo para lo que es requerida.

 

PREGÓN DE SAN MARCOS 2014

 

Señora alcaldesa

Señora presidenta de la Hermandad

Sanmarqueros todos: Buenas noches

    Como dicen nuestros mayores, con toda la razón del mundo, “es de bien nacidos ser agradecidos”. No podría empezar este pregón sin dar las gracias a la Hermandad de San Marcos por pensar en mí para esto. La verdad es que es un gran honor ser la elegida para pregonar nuestra querida fiesta.

    Agradecer también a mis padres que me han inculcado el valor de las tradiciones y la sensatez para vivirlas.

    Gracias a todas las personas a las que les hemos pedido ayuda con las fotos y no han dudado en conseguírnoslas.

   Y como no, a mi peña “Aquí te pillo, aquí te mato”, mi gente, que siempre me está apoyando cuando los necesito. Les dedico especialmente este pregón, a todos y cada uno de ellos, porque les ha hecho una gran ilusión que yo hoy esté aquí y se han volcado para que este momento sea posible. Para ellos, un GRACIAS con mayúsculas.

    Cuando Maribel me llamó para decirme que habían pensado en mí para ser la pregonera, me entró la risa floja y sólo pude decirle: “¿estás de coña no?”. Me pasaron mil cosas por la cabeza en cuestión de segundos. Aunque he vivido casi todos los San Marcos de mi vida, no tengo muchos recuerdos, porque tengo memoria de pez. No entiendo de encastes ni de ganaderías. No corro delante de los toros, ni hago recortes, ni voy con un soguero. ¿De qué iba yo a hablar entonces? La ventaja de todo mi desconocimiento de esos temas sería que el pregón iba a ser corto y no os cansaría mucho. Me dijo que la propuesta iba en serio y entonces me invadió la misma sensación que me da cuando empiezo a oír los camiones llegar con los toros: me tiemblan las piernas, se me despeinan los brazos, se pone el estómago en pie y ya no me puedo sentar porque estoy deseando ir a recibirlos. Cuando colgué el teléfono tenía claro cómo lo iba a enfocar. Sólo podía hablar de los sentimientos que me han acompañado todos estos años.

     Cuando le cuentas a alguien de fuera esas sensaciones, siempre te dice “¡¡¡eres una exagerá, no será pa tanto!!!”. Pero cuando vienen y lo viven en primera persona, te miran a los ojos y sólo saben decir: “Qué razón tenías, esto es inexplicable”.  A un amigo de la peña, cuando vino por primera vez, sin saber de qué iba la fiesta, le preguntamos que si le gustaban los toros y su respuesta fue: “sí, en el plato”. Esa tarde tuvo su bautizo sanmarquero: el toro llegó a olerle el culo cuando se subía a una barrera de la plaza. Cuando se le pasó el susto vino donde estábamos todos y sólo dijo: “¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Qué subidón!!!!!!!!!! ¡¡¡¡El año que viene vuelvo!!!! Y desde entonces no ha faltado.

     Cuando nos lo estaba contando recordé mi primer subidón  sanmarquero. Por aquel entonces yo vivía en Orcera, tendría 6 o 7 años, y bajábamos siempre para San Marcos. A mi madre le dan mucho miedo los toros, pero entraba en el recinto y nos íbamos a casa de la chacha Francisca, la que hoy es la casa de Paco Chinchilla. En aquella época, los años 70, no había tantas barreras como ahora y a los niños no nos dejaban salir mucho. Mi madre nos metía a Pepe (el de las ambulancias) y a mí en una habitación de la casa con una ventana que daba al campo de fútbol, como le llamábamos entonces a la plaza de San Marcos, y nos decía que lo viéramos todo desde allí pero que no llamáramos a los toros. Pero ya sabemos lo que pasa con  los niños, basta que le digas que no hagan algo, para que ellos lo hagan. Y efectivamente lo hicimos: llamamos a todos los toros que pasaban por allí. Estábamos los dos tan contentos subidos a nuestra pequeña ventana y uno de los toros nos hizo caso. Arremetió contra ella. Recuerdo que el toro venía enfilado hacia nosotros y Pepe me pegó un empujón y caímos los dos de espaldas al suelo y al subir la vista vimos el cuerno enganchado a la reja. Fue la primera vez que sentí la adrenalina en el cuerpo. Nos levantamos riendo y volvimos a empezar. Creo que todos los que estáis  aquí hoy lo habréis sentido alguna vez. Es un “tengo un miedo enorme pero hay una fuerza interior que me empuja a sentirlo otra vez”. Y hay que ver lo que son las cosas, casi 40 años después, sigo viviendo San Marcos desde el mismo sitio. Gracias a la peña “La tinaja” por compartir esas tardes de toros con nosotros y, sobre todo a Paco y a Isa, porque su casa siempre está para cuando la necesitamos.

     Mis siguientes recuerdos son de ir a la venta San José a esperar a los camiones. Adornábamos los coches con retamas, jaras y jamargos, aunque no hubiéramos ido a la ganadería, y veníamos todos en caravana desde allí. Cuando pasábamos por Puente de Génave lo hacíamos pitando y cantando  y la gente se asomaba a sus puertas para ver todo el jaleo que llevábamos. Cuanta más gente veíamos, más pitábamos nosotros y más fuerte cantábamos. Queríamos hacerles sentir la misma alegría que llevábamos nosotros. No era alegría de llevar unas cervezas de más, que eso también ayudaba, sino alegría que te salía de lo más profundo, del alma.

    Durante la adolescencia, mis amigas y yo, no teníamos peña, pero al escuchar a los primeros coches llegar pitando salíamos corriendo de nuestras casas y nos íbamos a recibir a los camiones. Cuando estos llegaban, ya estábamos nosotras en la puerta de Juan Vizcaíno o de Ortega para verlos venir. Y allí pasábamos todos los días esperando que  los toros subieran hasta la carretera porque teníamos demasiado miedo como para bajar al recinto. Le estoy agradecida a estas dos familias porque, al tener sus casas siempre abiertas, me hicieron vivir los San Marcos de esa época.

  El día 25 de esos años recuerdo que me animaba a coger el soguero para intentar levantar a algún toro que se quedaba parado en mitad de la calle. Sé que no tiene punto de comparación con ir en el soguero corriendo detrás del toro, pero a mí me valía ese cosquilleo en el estómago de “cómo se levante y enganche a correr no te vale”.

   Un año nos fuimos con una peña a la ganadería para embarcar los toros. Me lo pasé como los indios, aunque no me quité el miedo del cuerpo en todo el día. Eso de comer rodeada de toros sueltos en mitad del campo me tenía atacá pero al mismo tiempo lo disfruté muchísimo. Fue una experiencia que recomiendo a todos. Es una parte de San Marcos que muchos no han vivido y la verdad es que no deberían perdérsela.

     Años después me fui a estudiar a Jaén y el primer año me pusieron un examen el 25 de abril. En mi casa siempre me han enseñado que “la obligación es antes que la devoción”. Cuando me dijeron la fecha del examen solo escuchaba en mi cabeza la voz de mi padre repitiéndome una y otra vez esa frase. No me lo podía creer, me iba a perder San Marcos por primera vez. La tarde del 24 intenté estudiar, pero me la pasé mirando el reloj: son las 4, ya estarán llegando los camiones; son las 5, estarán soltando el primer toro; son las 6, las 7, las 8… Regresaba al pasado recordando los momentos vividos en años anteriores y cuando volvía al presente me daba cuenta de que los minutos no habían pasado. Pasé una tarde malísima. Desde entonces no he vuelto a faltar ni un año. El que no haya faltado nunca a San Marcos no sabe lo mal que se pasa esos días fuera de aquí. Mi hermano me contaba que los primeros  años que faltó, cuando se metió en el ejército, le tocó hacer guardia los días de San Marcos y  se ponía la camiseta de su peña, el “Ruedo etílico”,  debajo del uniforme porque era una forma de sentir que la fiesta le acompañaba. Aún hoy, 14 años después, dice que sigue pasándolo mal estos días.

     Recuerdo las verbenas de mi juventud en la nave de Roque Gilabert. A partir de la una de la madrugada estaban siempre apretadas de gente. Todos bailaban con todos. Era una marea de colores en la que siempre era fácil localizar a tu peña. A las 6 de la mañana los músicos decían que ya se había acabado la noche y que había que irse para la diana. Y allá que te íbamos todos preparados para despertar a todo el pueblo tocando los timbres de las casas por las que pasábamos. Cuando la terminábamos en la plaza de San Marcos, te empezaba otra vez el cosquilleo en el estómago porque tocaba sacar de nuevo a las reses. Algunos diréis que ese cosquilleo era hambre y sueño, pero yo os aseguro que eso era ilusión a pesar de haber visto a los toros el día anterior. Tenías ganas por ver como salían de los toriles, que por aquel entonces eran patios y cocheras particulares, y enfilaban las calles por las que salían hasta llegar a la plaza. Había gente que dedicaba la mañana del 25 a dormir, yo daba vueltas por los callejones que tenían barreras para ver como cascaban los toros. Es un espectáculo que quizás, las personas que no viven nuestra fiesta, no lo entiendan, pero a mí me encanta. Conseguir poner el collar  es una lucha en la que se enfrentan la fuerza y la bravura contra la razón y el sentimiento.

    Hace 12 o 13 años entré en la que hoy es mi peña los “Aquí te pillo”. Sólo conocía a 3 personas y dos de ellas habían sido alumnos míos. Recuerdo que me acogieron como una más. Nunca hemos comprado, como peña, una res. Un año surgió una junta, “Los que paguen”, para comprar una y nos lo comentaron a Gloria y a mí. No nos lo pensamos ni un minuto, sólo nos miramos y dijimos a la vez que entrábamos. No le dijimos nada a los de la peña, que se enteraron cuando vinieron y vieron una lista por ahí en la que aparecían nuestros nombres. Jamás había sentido lo que es la tensión de ver salir a “TU” toro. Los que compráis reses todos los años sabéis de qué hablo: cosquilleo de estómago esperando la salida, nerviosismo mientras se sube la puerta y euforia y subidón cuando lo ves en su primera carrera. Te sientes como un niño el día de reyes. En todos estos años siendo los aquí te pillo hemos vivido muchas cosas, buenas y no tan buenas, como en el resto de las peñas, pero siempre nos hemos mantenido unidos. Somos un grupo de gente que lleva las fiestas de San Marcos en la sangre. Eso nos hace hablar constantemente de ellas y  mostrárselas a todos. De ahí surgió la idea de hacer la página web, para que todo el mundo, y sobre todo, los sanmarqueros que no pueden estar aquí en todo el año, estén informados de lo que se hace en torno a nuestra fiesta. Es nuestro granito de arena para engrandecerla.

    En Diciembre de 2010, la directiva de la Hermandad de San Marcos, nos otorgó el premio sanmarquero “Al impulso y desarrollo de las fiestas”. Ese premio nos llenó de orgullo y satisfacción (como dice un famoso por ahí) y nos animó más a seguir con la página web. Desde aquí quiero dar las gracias, en nombre de mi peña, a todas las personas que nos siguen y que nos animan a continuar con el trabajo.

    El año pasado fui nombrada Dama sanmarquera, algo que me hizo mucha ilusión pero que al mismo tiempo me puso muy nerviosa y ¡¡¡eso que no tenía que hablar!!! Imaginaros cómo estoy este año.

     He intentado colaborar con todas las directivas de la Hermandad en la manera de lo posible, unos años más y otros menos, porque creo que es importante la labor que hacen las personas que están ahí para sacar adelante todo esto y también creo que no se les debe dejar solos, porque aunque ellos sean la cabeza visible, todos formamos la Hermandad. Pido un aplauso para todas las personas que a lo largo de nuestra historia han formado parte de una directiva de San Marcos porque sin su esfuerzo y trabajo no tendríamos hoy en día nuestra fiesta.

    Por si no teníamos bastante para disfrutar de San Marcos con la fiesta, la romería, las jornadas sanmarqueras, la cena de entrega de premios, las visitas a ganaderías, las reuniones de peña para ver cuando hacemos la reunión de peña y un largo etcétera, llegan los congresos. Si sacar un toro aquí es algo grande, exhibirlo en el resto de España, ya es lo más. Esas sensaciones de las que hablaba al principio se multiplican por 10 cuando sacamos toro en otros pueblos de la geografía española. Es una experiencia muy enriquecedora ya que conoces otras formas de vivir la tradición del toro ensogado aunque te das cuenta que  los sentimientos son los mismos. Muchos recuerdos en la memoria de Burriana, Santa Bárbara, Chiva, Grazalema y Onteniente, pueblos y ciudades a las que   hemos ido para los congresos y en los que se nos ha tratado muy bien. También del pueblo cordobés de Carcabuey donde fuimos invitados a exhibir un toro este verano  y donde nos hicieron sentir como a unos vecinos más.

    Como todos sabéis, yo trabajo con niños y sé que nuestra tradición no se va a perder porque los veo jugar durante todo el año. Su juego favorito en el recreo: jugar a los toros. Los ves correr, hacer recortes, subirse a la valla del cole como si fueran las barreras… Escucharlos hablar de su peña, de su toro, de la romería,… es un gustazo. Cuando llega marzo y se les pide que hagan el dibujo para el libro, tendríais que ver sus caras cuando empiezan a dibujar: son caras de ilusión por hacer lo que más les gusta en el mundo. En la inocencia de los niños está la verdadera esencia de San Marcos. Me gustaría que le siguierais enseñando lo bonito de nuestra fiesta, que es ante todo, el respeto por el toro y la convivencia. Desde pequeños hay que inculcarles que al toro no hay que tenerle miedo, si no respeto; que no se trata de competir entre peñas para ver quien trae el mejor toro, el más grande, el más caro, si no de conseguir que cada uno con su res haga que la fiesta sea cada día más grande.

    Si hace 20 años me preguntan que qué es San Marcos, hubiera dicho que una fiesta en la que estás 3 días de juerga, bebiendo y comiendo mucho, durmiendo poco y en la que de vez en cuando sales a ver un toro.

    Si me preguntáis a día de hoy que es san Marcos, os digo que es un sentimiento. Un sentimiento que dura 365 días al año. Da igual la fecha  en que hables de nuestra fiesta, siempre te brillan los ojos y se te acelera el pulso cuando lo haces. San Marcos es amor por el mundo del toro, convivir con él en el campo cuando vas a verlos, ver como los embarcan, su reacción al salir del camión, sus carreras por las calles… San Marcos es ese “voy a llorar pero no quiero”, al escuchar la trompeta, antes de sacar el primer toro, por el recuerdo de los sanmarqueros que ya no están. San Marcos es tiempo de compartir con los amigos, tiempo de compañerismo entre peñas aunque no los conozcas. Ójala que todos esos sentimientos de hermandad que se remueven en san Marcos perduraran todo el año.

    Como dice la pegatina que muchos llevamos en el coche: “Ser de Arroyo del Ojanco es un orgullo, correr san Marcos es ganar el cielo”.

 

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡VIVA SAN MARCOS!!!!!!!!!!!!!!!!!!

 

Paky Falla Moreno              

Comentarios

1

Tenéis fotos de ese año del 2004?? Toros de ese año me las podéis pasar

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